En un mundo donde la complejidad crece exponencialmente, aplicar una mirada sistémica a la educación puede ser clave para transformarla. La Teoría General de Sistemas (TGS), un enfoque interdisciplinario que estudia cómo los sistemas funcionan como unidades integradas, ofrece una poderosa lente para comprender el proceso educativo desde una perspectiva más profunda y holística.
Este artículo explora los conceptos clave de la TGS: interdependencia, totalidad, retroalimentación, homeostasis y comportamiento emergente. Veremos cómo estos principios no solo son válidos para ecosistemas o empresas, sino también para una escuela, una clase o incluso un proceso de aprendizaje individual.
Con ejemplos claros —como una familia, un organismo vivo o un programa informático— descubriremos cómo la educación puede convertirse en un sistema dinámico, autoorganizado y capaz de adaptarse al cambio. Y por qué, en lugar de tratar a los estudiantes como “recipientes” de conocimiento, debemos verlos como agentes activos dentro de un sistema educativo que busca equilibrio, mejora continua y evolución colectiva.
La TGS no es solo teoría: es una herramienta práctica para diseñar entornos de aprendizaje más inteligentes, colaborativos y resilientes. Si queremos educar para el futuro, debemos pensar en sistemas, no en piezas aisladas.


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